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La "docena sucia" | Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental (Fodesam)

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La "docena sucia"

 

Con motivo de la aprobación y desarrollo del Convenio de Estocolmo se han realizado durante años tremendos esfuerzos para conseguir la prohibición de las doce sustancias que se reconocían internacionalmente como las más conflictivas. Hablamos de una lista de compuestos que durante un tiempo, por su mala fama, fue conocida con el sobrenombre de la “docena sucia” y en la que se encuentran ocho pesticidas (aldrin , clordano, dieldrin, endrin, heptacloro ,mirex , toxafeno o el más famoso de todos, el DDT), dos productos industriales (como el hexaclorobenceno y los policlorobifenilos, los famosos PCBs, que han sido muy usados, por ejemplo, como líquidos aislantes en instalaciones eléctricas) y dos residuos indeseados de la actividad industrial (como son las dioxinas y los furanos). En la lista hay sustancias pertenecientes a un grupo que ha dado mucho que hablar a los toxicólogos durante décadas: los organoclorados. A ellas se han atribuido los más dispares daños en la salud humana, entre los que cabe destacar los estragos tremendos que causan en el equilibrio hormonal y el cáncer.

Son algunas de ellas sustancias de gran volatilidad o facilmente movilizables que pueden ser llevadas por el aire o el agua a grandes distancias y muy persistentes, acumulándose de forma creciente en los tejidos de los seres vivos (la alimentación es una de las principales vías por la que llegan a nuestros cuerpos, como sucede, por ejemplo, con las dioxinas que en más de un 90% llegan a nosotros de este modo). Hay que advertir además que, aunque se hable de “docena”, en realidad los PCBs, por ejemplo, son centenares de sustancias diferentes.

Diversos estudios realizados en los más diversos países, entre ellos España, han detectado restos de compuestos orgánicos persistentes en ,por ejemplo , huevos, pescado, carne , leche, mantequilla,... Aunque acaso se haya popularizado más, por ser una prueba aterradora del poder que tienen algunos de estos compuestos de diseminarse por los lugares más remotos del planeta, lo que se ha estudiado acerca de los esquimales del Ártico. Pese a vivir muy lejos de donde estas sustancias se emplean y liberan, los esquimales han acumulado en sus tejidos, a través de la alimentación, al igual que sucede con los osos polares, por ejemplo, altas concentraciones de compuestos como los PCBs que les han hecho desarrollar los más diversos problemas de salud, sobre todo reproductivos.

Pero lo que aquí interesa más resaltar es como ,siendo teóricamente las sustancias sobre las que menos dudas existen acerca de su objetiva peligrosidad , y siendo además tan sólo unas pocas si las comparamos con el ingente número de sustancias que pueden ser peligrosas, ni siquiera en este caso puntual se hayan conseguido realmente resultados demasiado espectaculares en cuanto a su prohibición y eliminación.

El Convenio estableció la eliminación y restricciones de algunas sustancias como el DDT, intentando llegar a la prohibición y medidas de reducción de emisiones de dioxinas, furanos, hexaclorobenceno y PCBs y, donde sea viable, su supresión total. Además establecía exenciones por razones como la “investigación” en nuevas sustancias, así como para productos anteriores al Convenio, o para algunos países (como sucede con el aldrin como insecticida, el clordano en su uso contra termitas o como aditivo de adhesivos para contrachapados o el heptacloro para madera). En resumen, que el Convenio tiene una serie de trampas que relajan su aplicación y ,además, está por ver que se cumpla incluso en los aspectos en los que es más estricto.

Muestra de lo dicho es lo visto en España con relación al DDT. No nos referimos a que se siga detectando su presencia o la de sus metabolitos, décadas después de su prohibición, a consecuencia de su alta persistencia, cosa que por supuesto sucede y que debería llevarnos a reflexionar sobre la gravedad de las consecuencias que para varias generaciones puede tener no actuar sobre tantas otras sustancias semejantes. Pero ,como decimos, no nos referimos a esto, sino a que se hayan detectado ,además, contaminaciones recientes con DDT, por ejemplo en la provincia de Tarragona. En algunas ocasiones no está clara la procedencia de estas poluciones recientes, ya que podrían proceder de importaciones de productos alimenticios de otros países, pero otras veces el origen está dentro de nuestras propias fronteras, como sucede con el DDT que se sigue utilizando por industrias como la de la empresa Montecinca en la provincia de Huesca que lo emplea dentro del proceso para generar otros pesticidas como el dicofol. Lo propio podríamos decir sobre los PCBs, ya que a pesar de que existe el compromiso de eliminar estas sustancias , los planes oficiales para hacerlo dejan bastante que desear. De hecho, ni siquiera se sabe exactamente dónde están muchos de los componentes industriales y eléctricos que los contienen. Todo por no hablar de las dioxinas ya que a pesar de su reconocida peligrosidad sigue autorizándose, por ejemplo, la construcción de nuevas incineradoras de residuos y otras instalaciones que las emiten además de no actuar debidamente con las ya existentes.

En resumen, insistimos en ello porque es muy importante, ni siquiera se ha conseguido prohibir y eliminar del todo satisfactoriamente , tras décadas de esfuerzo, ni esas doce sustancias sobre las que tanto consenso existía. Y eso que sobre algunas de ellas había ya enorme certeza acerca de sus daños sanitarios hace nada menos que cincuenta años. ¿Qué sucederá con el resto de sustancias, miles y miles, que pueden ser problemáticas?

En el año 2007, el Convenio de Estocolmo amplió de 12 a 17 las sustancias tóxicas a eliminar o restringir, -incluyendo retardantes de llama como el pentabromodifeniléter y hexabromobifenilo, pesticidas como el lindano y la clordecona ,y surfactantes y antiadherentes como los perfluorooctosulfonatos (PFOS)- pero , al mismo tiempo, abrió la puerta al trafico de residuos contaminados con COPs. Nuevas sustancias sobre las que habrá, de nuevo, años y años de discusiones para llegar veremos a qué resultados.

Al leer los nombres de algunas de estas sustancias algunas personas arquearán las cejas ,como si lo que leyesen estuviera en chino, como si se les estuviera hablando de extraños y distantes entes que ni conocen ni comprenden. Y es muy natural que sea así. Habría que ser un super especialista para estar al tanto. No pretendemos que ustedes puedan memorizarlas todas. En realidad son tantas las sustancias que sencillamente es imposible. Pero también son muchos los microorganismos que producen enfermedades , y los hombres de la calle tampoco conocemos todos sus nombres. La única diferencia es que buena parte de nosotros, aunque no sepamos los nombres, ni la vida y milagros de todas las bacterias, sabemos que están ahí, que son muchas, y tenemos el suficiente conocimiento para protegernos de ellas bastante bien, sin necesidad de ser especialistas. Y eso es lo que pretendemos en el Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental. Porque aunque los nombres de esas sustancias puedan parecer extraños y lejanos a muchas personas, lo cierto es que muchas de esas sustancias las tenemos en la comida y la bebida que ingerimos, la ropa que nos ponemos, el aire que respiramos, los muebles, los productos de limpieza, los disolventes, las pinturas, en los antiadherentes de nuestras sartenes,... Muchas de esas sustancias químicas están ya en nuestros cuerpos , en nuestra sangre, en nuestras grasas, en nuestro hígado, en nuestro sistema nervioso y hormonal, ... y pueden causarnos enfermedades. Y es de eso de lo que estamos hablando. Eso es lo importante de si se prohíben o controlan debidamente mediante reuniones internacionales como las del Convenio de Estocolmo.


 


 

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