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Contaminación atmosférica | Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental (Fodesam)

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Contaminación atmosférica


Por hablar solo de la contaminación atmosférica de las urbes , y basándonos en los datos que suministra la Organización Mundial de la Salud, en el mundo al menos 1.400 millones de personas respiran un aire que supera los límites que se consideran seguros (100 millones de personas en el primer mundo respiran un aire contaminado e insalubre, según el mismo organismo, que probablemente se basa en unos parámetros, los de ciertos niveles “permitidos” muy cuestionados científicamente, por lo que la cifra real debe ser muy superior).

Hay zonas del mundo donde las consecuencias sanitarias de la contaminación atmosférica son especialmente sangrantes. Uno de esos lugares es la India, donde se calcula que este problema pueda estar causando la muerte prematura de medio millón de menores de 5 años y mujeres adultas. En todo el sur de Asia cada año mueren 1.400.000 personas (que se estimaba que para el 2020 podrían llegar a ser 8 millones de personas si se mantenían una serie de tendencias). Existe un crecimiento brutal de casos de asma, obstrucción pulmonar crónica, cáncer de pulmón, tuberculosis, etc.

En 1998 el informe “Signos Vitales. La situación del planeta” del Instituto de Recursos Mundiales (World Resources Institute), con sede en Washington, basándose en los datos de los investigadores, se apuntaba que quienes viven en ciudades contaminadas de los Estados Unidos, tienen entre un 15 y un 17% más de riesgo de morir prematuramente. El mismo Instituto de Washington, en su informe del año 2000 , comentaba que en China en concreto la polución del aire a causa de la industria, el carbón, los vehículos a motor, etc. podía estar causando la muerte anual de un millón de personas y que a nivel global la contaminación atmosférica podía estar acabando con la vida de una cifra al menos tres veces superior.

Uno de los símiles más inquietantes que se hacen en informes como los citados es el que tiene que ver con los niños y que nos dice que lo que respiran en ciudades como Shanghai, Beijing, Calcuta, Teherán o México, es para ellos como si se fumaran dos paquetes de tabaco cada día. Además un 64% de los niños de Delhi y del 65% al 100% de los de Shanghai tienen cantidades consideradas peligrosas de plomo en su sangre, en buena medida a consecuencia de las emisiones de este metal pesado a causa de los combustibles.

Vivimos en una sociedad muy dependiente de una serie de elementos que ,en sí mismos, tales como los hidrocarburos, y al margen de los aditivos que se les introduzcan o no, son tóxicos. Estamos ya muy familiarizados con determinados problemas derivados de su manejo, como los vinculados a los episodios de contaminación marina a causa de su transporte. Uno de los casos más sonados fue el del vertido ocasionado por el buque petrolero Prestige en las costas de Galicia y que al margen de otros impactos ambientales también sirvió para evaluar la toxicidad de los combustibles fósiles para las personas. Muchos de los voluntarios y personal contratado que respiraron sus vapores –con hidrocarburos aromáticos policíclicos, asfaltenos, metales pesados, etc- durante las labores de recogida del vertido padecieron algunas alteraciones hormonales y genéticas (1). Entre los daños registrados se contaba, por ejemplo, la alteración de los ciclos menstruales de las mujeres (2).

Del mismo modo, se conocen mucho los problemas que los vapores emanados por combustibles como la gasolina, pueden generar sobre personas como los empleados de estaciones de servicio. Se sabe, por ejemplo, que son negativos para el sistema nervioso central, pudiendo producir irritación ocular y respiratoria , mareos , dolores de cabeza , somnolencia y falta de coordinación. Pero, obviamente, y más allá de los problemas sanitarios más restringidos que puedan derivarse de estas exposiciones , lo que más inquietud genera es la contaminación generada a consecuencia de la combustión de estos hidrocarburos, ya que por ella se generan sustancias a las que se ven expuestas millones de personas. Sustancias como monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, hidrocarburos aromáticos policíclicos, benceno, formaldehído y partículas en suspensión, que contribuyen a generar en muchas ciudades una atmósfera poco saludable.

El análisis de los efectos que sobre la salud puede tener la exposición a una serie de sustancias presentes en el aire contaminado de una ciudad no siempre es sencillo. Puede darse por ejemplo el caso de que algunos de los daños causados puedan camuflarse bajo la apariencia de problemas de otra índole. Pensemos, por ejemplo, en como la contaminación puede causar irritaciones o daños en las vías respiratorias que propicien procesos infecciosos (que serán diagnosticados de éste último modo sin reparar en su origen real).

Cada vez son más las investigaciones científicas que se están ocupando de estudiar la relación existente entre la contaminación atmosférica y toda una serie de problemas de salud. Si uno repasa las publicaciones científicas se encuentra con decenas de estos trabajos, algunos muy interesantes como, por ejemplo, el que publicó en febrero de 2007 en la revista The Lancet W. James Gauderman, profesor de medicina preventiva de la Universidad del Sur de California. En este estudio Gauderman mostraba como los niños que viven cerca de una autopista, expuestos a las emisiones del tráfico rodado, podían ver afectado gravemente su desarrollo pulmonar, además de tener más probabilidades de desarrollar asma u otras enfermedades respiratorias.

Pero el impacto de la contaminación atmosférica va mucho más allá del daño sobre el aparato respiratorio. Muchos estudios han determinado, por ejemplo, que las sustancias del aire contaminado aumentan la coagulabilidad de la sangre, lo que en el escenario actual de las enfermedades cardiovasculares no es precisamente nada bueno.

En España , Ferrán Ballester (de la Unidad de Epidemiología y Estadística de la Escola Valenciana d`Estudis per a la Salut de la Generalitat Valenciana) coordinó un estudio (3) realizado en 14 ciudades españolas en el que se veía como los niveles de contaminación atmosférica ,especialmente de las partículas en suspensión, venían de la mano con un incremento de ingresos en los hospitales por enfermedades cardiovasculares.

En 2004 el Estudio Multicéntrico Español de los Efectos a Corto Plazo de la Contaminación Atmosférica en la Salud (EMECAS), que también fue coordinado por Ferrán Ballester, había ya analizado con anterioridad en 13 ciudades españolas (4) lo que sucedía los días con altos índices de contaminación. Bastaban un par de días con estas condiciones para elevar la mortalidad en estas ciudades hasta un 1, 5%.

Si repasamos los datos contenidos en el programa Clean Air for Europe (CAFE) la contaminación atmosférica estaría costando cada año en Europa la vida de al menos 310.000 personas ,16.000 de ellas en España (y eso que se está hablando sólo de mortalidades atribuibles de un modo muy directo).

Arden Pope, epidemiólogo de la Universidad de Brigham Young en los Estados Unidos, responsable del II Estudio de Prevención del Cáncer, ha demostrado la relación existente entre una mayor mortalidad por enfermedades respiratorias y cáncer de pulmón y los niveles existentes de ciertos componentes del aire contaminado, tales como las partículas y óxidos de azufre emitidos desde refinerías, centrales térmicas, motores diésel, etc. De modo que cada incremento de 10 microgramos por metro cúbico en estas sustancias, venía de la mano con un aumento de un 4% el riesgo de morir por cualquier causa ,del 6% de hacerlo por enfermedades respiratorias, y del 8% de hacerlo por cáncer de pulmón. El estudio de Arden Pope, que fue publicado en 2002 en la revista de la Asociación Médica Americana concluía que quienes viven en las ciudades más contaminadas de EE.UU. tienen un 12% más de riesgo de morir de cáncer de pulmón que quienes residen en ambientes más limpios. En 2003 Pope publicó otro trabajo sobre riesgo de infarto que determinó que la contaminación urbana causaba el doble de muertes por infarto que por cáncer de pulmón y otros riesgos respiratorios.

Una de las cosas que más preocupa con relación a la contaminación atmosférica es la elevación de los niveles de ozono troposférico. Se aclara siempre que hablamos del ozono de la troposfera, es decir, del de la capa de la atmósfera más cercana al suelo, para no confundirlo con el ozono de la lejana estratosfera. Porque si en las capas altas de la atmósfera el ozono nos hace un gran favor atenuando la intensidad de la radiación ultravioleta que nos llega del sol, en las capas bajas, lejos de beneficiarnos, puede causarnos severos perjuicios. De modo que en el entorno de grandes ciudades, como pueda ser Madrid, frecuentemente a decenas de kilómetros de ellas, por una serie de reacciones químicas derivadas de la contaminación en presencia de una fuerte irradiación solar, suelen registrarse niveles de ozono que pueden contribuir a agravar el asma y fenómenos irritativos, hacer decrecer la función pulmonar o causar otros quebrantos en personas con problemas respiratorios.

En paralelo al crecimiento de la contaminación del aire, así como del número de personas que viven en ciudades, están creciendo una serie de enfermedades que pueden estar relacionadas con ello de manera directa o indirecta. Hoy en día las enfermedades respiratorias se han convertido en un motivo principal de atención médica. En España constituirían el tercer problema de salud ,ocasionando el 10% de todas las muertes. Y las previsiones que hace la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) son que “en los próximos años tendrán una evolución claramente alcista” . Una de las cosas que se espera, de seguir las tendencias, y entre otras causas por la contaminación , es que haya “un empeoramiento de enfermedades preexistentes como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)" (5), enfermedad esta última que causa unas 18.000 muertes anuales en España.

Pero el panorama de enfermedades que pueden estar vinculadas con la contaminación de las ciudades es, en realidad mucho más amplio y a las ya citadas, podrían sumarse otras muchas. Un equipo de investigadores de la Universidad de Zuyd (Holanda) ,en colaboración con la Universidad de Umea (Suecia), realizó hace poco un estudio mediante el cual se realizaron electroencefalogramas (EEG), para registrar los efectos cerebrales generados a consecuencia de la exposición a emisiones de motores diesel durante una hora ,como las que se producen en una calle con mucho tráfico. Entre otras cosas, y según se apuntaba en el estudio referido, las partículas inhaladas pueden alcanzar el cerebro e inducir en él estrés oxidativo y alteración de la función cerebral , con efectos cognitivos (6). Como comentaba uno de los autores del trabajo “el estrés oxidativo ha sido implicado en enfermedades degenerativas del cerebro tales como el Parkinson y el Alzheimer lo que, evidentemente, ha de abrir nuestros ojos hacia otras diferentes enfermedades que pueden tener que ver con la polución atmosférica, a la vez que con otros factores complejos.

El panorama no es ,pues, demasiado tranquilizador. Además, no debemos olvidar que juntamente a la contaminación severa que podemos padecer en los ambientes urbanos y máxime en aquellos donde a una serie de fuentes de polución urbana se añade la de la presencia de industrias conflictivas, hay otros factores que vienen a añadirse, multiplicando incluso los niveles de exposición a sustancias problemáticas. Nos referimos a los escenarios de exposición en espacios cerrados de los que se habla en otros apartados.


 


 

©Copyright Carlos de Prada

 

NOTAS:

1 La Universidad de La Coruña realizó una tesis basada en un seguimiento de cuatro años de personas que participaron en la limpieza. Beatriz Pérez. 2006. Evaluación toxicológica de poblaciones humanas expuestas al fuel del Prestige. Universidad de la Coruña.

2 La Voz de Galicia 12-12-2006

3 Publicado en septiembre de 2006 en el Journal of Epidemiology and Community Health.

4 Barcelona, Bilbao, Cartagena, Castellón, Gijón, Huelva, Madrid, Oviedo, Sevilla, Valencia, Vitoria, Vigo y Valencia.

5 Jano. 28 Enero 2008.

6 Cruts B et al. Exposure to diesel exhaust induces changes in EEG in human volunteers. Particle and Fibre Toxicology. 2008, 5:4

 

 

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