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Contaminación química industrial | Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental (Fodesam)

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Contaminación química industrial

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A continuación hacemos un muy breve repaso orientativo de algunas de las fuentes de contaminación química en España.

Entre las industrias más conflictivas se sitúa, sin duda, la del cloro. Este tipo de industria, como otras, no es sólo un problema en sus puntos de fabricación sino en muchos de sus productos finales, como veremos en su momento. La industria del cloro –que en España tiene fábricas en lugares como Pontevedra, Torrelavega, Guipúzcoa, Monzón, Sabiñánigo, se ha ganado a pulso aparecer en esta lista. Esta industria , una de las más fuertes en el ámbito de la industria química, tiene muchas ramificaciones , ya que las sustancias cloradas se utilizan en los más diversos sectores como el de los plaguicidas, los disolventes, o el papelero. Y por supuesto, en el de los plásticos, como el PVC del que hay fábricas en Hernani, Monzón, Vila-Seca o Martorell . La historia de conflictos ligados a este tipo de industrias –por las denuncias habidas sobre su contaminación con dioxinas, hexaclorobenceno, mercurio, etc.- es larga.

Capítulo aparte merecería la industria papelera. Han corrido ríos de tinta sobre los más diversos episodios de contaminación grave ocasionados por tales instalaciones que suelen generar fuertes campañas de oposición de la población allí donde se asientan. Desde las papeleras no es raro que se emitan al medio ambiente compuestos tóxicos como las dioxinas. En España hay grandes papeleras en lugares como Huelva, Pontevedra, Navia, Torrelavega o Sangüesa, por ejemplo.

Otro tipo de instalaciones conflictivas son las plantas incineradoras que tanta polémica han levantado en España y fuera de España. En España han dado mucho que hablar la gallega de Cerceda, la vasca de Zabalgarbi (Bilbao), las catalanas de Vielha (Lérida), Gerona , Sant Adriá del Besós (Barcelona), Mataró (Barcelona), Tarragona, o Constantí (Tarragona), la balear de Son Reus (Mallorca), u otras como la madrileña de Valdemingómez. Durante mucho tiempo ha habido grandes campañas de oposición a este tipo de instalaciones de tratamiento de residuos, fuesen estos Residuos Sólidos Urbanos o residuos industriales, por las emisiones que generan de contaminantes como dioxinas y furanos. De hecho las incineradoras son una de las principales de emisión de tóxicos extraordinariamente peligrosos como las dioxinas que acaban contaminando el entorno ,llegándonos posteriormente, por ejemplo, a través de la dieta. El 90% de la exposición humana a las dioxinas es a través de los alimentos ( un 80% de la exposición total por alimentos de origen animal).. Investigadores como el neurotoxicólogo ambiental Eduardo Rodríguez Farré, presidente de Científicos por el Medio Ambiente (CIMA), han seguido de cerca esta problemática denunciando las altas emisiones de dioxinas generadas desde instalaciones como la incineradora de Valdemingómez en Madrid (1) . Es particularmente interesante revisar estudios como los que muestran como crecían las concentraciones de dioxinas y furanos (2) , más de un 40% en tan sólo 4 años, en la sangre de las personas que vivían en un radio –entre Arenys de Mar y Mataró (Barcelona)- entorno a una planta incineradora una vez esta comenzó a funcionar (probablemente por la contaminación de la dieta). En Francia ,por ejemplo, se planteó el cierre de incineradoras como la de Lille, tras detectarse altos índices de dioxinas en la leche de las vacas en su entorno. A veces, en pocas ocasiones, la evidencia científica hace que las autoridades actúen o que al menos reconozcan algo de la situación aunque luego lo que se haga en realidad sea poco. Así por ejemplo, en el año 1998 , el Ministerio de Medio Ambiente de Francia reconoció que en ése país ,cada año, fallecían entre 1.800 y 5.200 personas a consecuencia de cánceres debidos a la exposición a un grupo concreto de sustancias tóxicas: las dioxinas. Lo importante de esta cifra ,al margen de la dificultad de realizar estimaciones, y de lo acertada que pueda ser o no, es que se refiere a un único grupo de sustancias. Por que el problema tiene que ver con numerosos grupos de ellas en los que se integran miles de compuestos diferentes. Sin embargo, a pesar de lo que se sabe sobre las dioxinas ni en Francia (más allá de alguna actuación puntual) ni en general en el resto de países se ha actuado debidamente para reducir las emisiones de estas sustancias. La incineración es un próspero negocio para ciertas empresas de bienes de equipo ,constructoras, eléctricas y bancos accionistas, que se benefician de los ingresos por cada tonelada de residuos que queman, de subvenciones, de venta de electricidad, etc. Tan próspero es el negocio , no para la sociedad en su conjunto claro está, para la cual la incineración es una opción carísima a nivel económico, sino sólo para unos cuantos, que se van venido a sumar otros. Desde hace años se ha extendido la incineración de residuos tóxicos en plantas cementeras para abaratar los gastos en combustible en estas instalaciones a base de utilizar como tal plásticos (como los envases de pesticidas), aceites de automoción, neumáticos, etc., aparte de percibir ingresos como gestores de residuos. Se denuncian emisiones de PCB, dioxinas, furanos, plomo, cadmio, mercurio, etc. Entre las cementeras que se denuncia que incineran residuos, se cuentan algunas de Bilbao, Arrigorriaga, Venta de Baños, Buñol, Sant Vicente del Raspeig, Lorca, Yepes, etc..

No hay que olvidar, por supuesto, otras industrias más clásicamente asociadas a denuncias por contaminación, tales como la metalúrgica En España hay plantas en Avilés, Reinosa, Santander, Amurrio, Basauri, Azcoitia o Bergara. El hecho de que cada vez haya más de estas instalaciones que se dediquen también a la fundición de metales reciclados, de procedencia nacional e internacional, añade más preocupación. Ya que ,además de los contaminantes más tradicionales, puede sumarse la presencia de infinidad de muchos otros contenidos en aceites, pinturas, plásticos,... incluso elementos radiactivos que han generado más de un susto en estas instalaciones.

Desgranar la cantidad de sustancias tóxicas que se emplean en muchas industrias sería excesivamente prolijo , pero voy a intentar , a través de un ejemplo, que puedan hacerse una idea. Pensemos en la industria textil (3). Dejando a un lado los pesticidas agrícolas que ya puede llevar el algodón de partida o los ectoparasiticidas que puede portar la lana, pongamos por caso, en todo el tratamiento de los tejidos se emplea frecuentemente una abundantísima cantidad de sustancias tóxicas. Entre ellas podemos citar los alcoholes y alquilfenoles etoxilados de los detergentes con los que se limpia la lana, sin descartar a veces el uso del cancerígeno disolvente tricloroetileno. Para poder hilar mecánicamente se lubrica con aceites minerales, que pueden ser fuente de hidrocarburos aromáticos policíclicos. Para almacenar los hilos y que se conserven bien, suelen emplearse bactericidas y funguicidas. Para que luego, en los telares, no se rompan los hilos se usan colas químicas que de nuevo pueden ser portadores de sustancias conflictivas. Y después, claro está, hay que desencolar los tejidos con más tratamientos químicos o blanquearlos con cloro, pudiendo dar pie a la generación de triclorometano y dioxinas. Y para que hablar del proceso de tintura y estampación donde puede aparecer el temido cromo 6, bencenos, ftalatos, hidrocarburos aromáticos, etc. Y, en fin, por no extendernos y para concluir, en el acabado suelen añadirse algunos biocidas, retardantes de llama, y demás.

En resumen, un proceso en el que pueden usarse una larga lista de sustancias químicas tóxicas que en algún caso podrían perjudicar la salud de los trabajadores (4) o acabar, por ejemplo, contaminando las aguas de vertido de las factorías. Desde el tratamiento con el irritante y carcerígeno formaldehído para evitar que la ropa encoja y fijar en ella colorantes y pigmentos, a compuestos organoestánnicos usados como estabilizantes en el PVC (con posibles efectos inmunotóxicos y sobre el desarrollo en mamíferos), pasando por detergentes industriales que contienen alquilfenoles etoxilados (de efectos hormonales), por no citar el plomo que se ha empleado en pinturas y también como estabilizante en PVC (con efectos en sistema nervioso infantil), o el cadmio usado en pigmentos y como estabilizante (clasificado como cancerígeno).

No obstante, ya lo hemos dicho, la textil no es sino una más de las muchas industrias conflictivas. El que hayamos detallado algo más lo que sucede en ella no implica que no las haya peores. Podríamos hablar mucho, por ejemplo, de las industrias productoras de pesticidas. En España, tenemos buenos ejemplos de ello, como el de la empresa Inquinosa del que tanto se habló hace años. Estaba emplazada en la localidad de Sabiñánigo, en el Pirineo de Huesca, un lugar que acaso pareciera más idóneo para otras actividades que desentonaran menos con los paisajes. Y a las orillas de uno de los río más importantes de Aragón, el río Gállego, cuyas orillas contaminó en diversos puntos con decenas de miles de toneladas de hexaclorociclohexano (HCH) generadas como residuos de la fabricación del pesticida lindano. Se produjeron vertidos deliberados y gigantescos en simples basureros municipales e incluso se especuló con que una parte se hubiera destinado a relleno para la construcción de carreteras.

En algunos lugares de España, como en diversos puntos de la Comunidad Autónoma Vasca, el problema de la contaminación de los suelos ligado a la producción de lindano es especialmente serio. En la zona de la ría de Bilbao, hay incluso áreas fuertemente contaminadas sobre las que se ha construido. Algo semejante ha sucedido en otros sitios como en Porriño (Pontevedra).

Otra fábrica de pesticidas que ha dado que hablar mucho recientemente es la de Montecinca, en Monzón (Huesca), que habría contaminado fuertemente las aguas del río Cinca con DDT. La asociación ecologista Greenpeace denunció haber detectado 3.000 veces el límite “permitido” por la Confederación Hidrográfica del Ebro, según los análisis que realizó la Universidad Autónoma de Madrid . Esa fábrica produce el pesticida dicofol , utilizando DDT en el proceso. El dicofol ,además, es famoso mundialmente por ser citado en el libro Our Stolen Future (Nuestro Futuro Robado), cuando alude a las deformidades sexuales en cocodrilos del lago Apopka (Florida).

Especialmente conflictivos son una serie de lugares de la geografía donde se concentran muchas industrias . Uno de los casos más patentes lo tenemos en la ciudad de Huelva , que no solo es un problema considerable a escala nacional, sino que puede ser considerada sin duda alguna como uno de los mayores puntos negros de contaminación a escala europea. Huelva tiene unos potentes polos químicos – petroquímica, fosfatos, papeleras, metalúrgicas,...- y unas balsas de residuos con fosfoyesos radiactivos con aguas ácidas, de una extensión similar a la de la ciudad. En su atmósfera se han detectado preocupantes niveles de arsénico y otras sustancias diversas que pueden producir cáncer y daños respiratorios diversos, desde la bronquitis crónica al asma enfermedad que tiene en esta ciudad la incidencia más alta de España, un 14%. En el aire, el suelo ,las frutas y algunos alimentos marinos, se ha detectado la presencia de pesticidas organoclorados como el DDT (y su metabolito el DDE) y se usan otros como endosulfán, lindano, clordano, dieldrín , aldrín, aparte de haber dioxinas, PCBs y hexaclorobenceno.

Pero la lista de lugares que ,por diversos motivos, deben llamar nuestra atención es muy amplia: Tarragona, Puertollano, Cartagena, Martorell, Flix, ... Tantos lugares que ,por razones de espacio no podemos citarlos. Por ello ,debe tenerse presente que los sitios que enumeramos no son sino una pequeña muestra de los muchos núcleos con industrias contaminantes que hay diseminadas por todo el país.

Industrias como las citadas y otras emiten a la atmósfera , a las aguas o suelos, grandes contingentes de sustancias. En un reciente informe de Greenpeace ,basado en datos oficiales, se apuntaba que la industria española reconoce el vertido al agua de un millón doscientas mil toneladas de contaminantes al año ( y eso que el dato se refiere sólo a 44 sustancias peligrosas de las miles que hay (5)).

Uno de los asuntos más preocupantes que no se cansan de denunciar asociaciones como la citada, es la patente debilidad de la Administración española frente a estas industrias. El grado de permisividad oficial es sencillamente escandaloso. Así, por ejemplo, aunque diversos responsables, de un color político u otro, no hayan cesado de afirmar que en España iba a aplicarse el principio de que quien contamina paga , en nuestro país prácticamente el 100% de la restauración de suelos contaminados es pagada con fondos públicos, frente al 7% de Francia.

Caso notable es el de los vertidos de la empresa Ercros en Flix (Tarragona) –donde hay un “islote” de 700.000 toneladas de lodos tóxicos (con DDT, PCBs, HCB, mercurio, etc.)- cuya descontaminación se prevé que cueste 200 millones de euros , de los que muy pocos iba a pagar la empresa. Pero mucho más célebre fue lo que pasó con el vertido de millones de metros cúbicos de lodos tóxicos en el entorno del Parque Nacional de Doñana en abril de 1998. La empresa sueca titular de las minas desde las que se produjo el vertido no solo no pagó nada de los cientos de millones de euros de dinero público que se invirtieron en la limpieza de la zona, sino que , después de cobrar subvenciones cuantiosas, acabó marchándose de España dejándonos en el paro a cientos de trabajadores, y dejándonos como regalo ,además de miles de hectáreas contaminadas con metales como el arsénico, la bomba de relojería del montón de residuos acumulados que amenazan los acuíferos de la zona. La pasado más de una década de aquel vertido y siguen detectándose niveles de arsénico, plomo, cadmio, y zinc en las hojas de los árboles de la zona afectada. Ha habido , no obstante, otros ejemplos de lo mismo, con mayor o menor entidad, con unos u otros matices. Como el del empresario textil Puigneró ,en Cataluña, que acabó sin pagar adecuadamente por sus reiterados vertidos tóxicos, siendo protegido por algunas instancias oficiales. Los casos que podrían citarse sobre la permisividad e incluso la connivencia oficial con la contaminación industrial son innumerables. Para conocerlos basta a veces con repasar ,por ejemplo, algunas manifestaciones contenidas en las memorias anuales de la Fiscalía General del Estado en los apartados referidos a los delitos ambientales y en las que se llega a denunciar casos de funcionarios de la Administración que avisaban a los infractores de actuaciones judiciales, facilitando que pudieran sustraerse a la actuación de la Justicia.

  RESIDUOS TÓXICOS Y PELIGROSOS

 

La problemática ambiental de la industria va mucho más allá de los casos más sonados o de aquellos en los que puedan denunciarse situaciones más o menos irregulares. Hay grandes problemas que forman parte de una norma que se asume sin más como si fuese algo “natural” e inevitable. Como el de la generación cotidiana de una ingente cantidad de residuos industriales.

Tan sólo en España se generan cada año, como consecuencia de la actividad fabril, millones de toneladas de residuos industriales, en buena parte tóxicos y peligrosos. Millones de toneladas. Y eso que la cifra nacional de residuos tóxicos y peligrosos no suele incluir los residuos de la minería (frecuentemente con inquietantes metales pesados, como los del célebre vertido de Doñana). Porque de incluir estos la cifra se multiplicaría extraordinariamente.

Hasta hace no mucho apenas había control alguno sobre estos residuos. Consecuencia de ello son situaciones, por ejemplo, como las cientos de miles de toneladas de residuos de la fabricación del pesticida lindano que persistirán durante mucho tiempo en los suelos en diversos puntos del País Vasco, como también persistirán los famosos lodos tóxicos con metales pesados que se vertieron sin control , hasta el punto de rellenar con ellos por completo la Bahía de Portman (Murcia) . Podríamos citar muchos otros casos que han dejado contaminados muchos rincones de nuestra geografía.

También es preocupante que, en la transición desde la falta de control casi total que existía, a otra con un control mayor pero nunca suficiente, se denunciasen situaciones fraudulentas preocupantes. Una de las más sonadas, por sus dimensiones, se dio en Huelva con el vertido de ingentes cantidades de residuos de ácidos débiles con metales pesados, procedentes del Polo Químico de la ciudad, en simples escombreras de minas de las sierras onubenses y sevillanas que tras filtrarse y rezumar desde ellas acababan en los ríos y el mar. Todo ello dentro de unos planes oficiales que se vendieron a la opinión pública como “modélicos” para la regeneración de la ría de Huelva.

Pero el problema va más allá de las situaciones irregulares y se extiende a aquellas, parece que ahora más generalizadas, en las que se juzga que hay “control”. Y es que es evidente que el que hoy en día buena parte de esos millones de toneladas de desechos acaben en instalaciones de “gestión”o “tratamiento” –como puedan ser vertederos industriales, incineradoras, cementeras u otras- tampoco debería movernos a una excesiva complacencia. Para que comprendan lo que les digo les recomiendo que visiten si pueden alguna de estas instalaciones donde se “gestionan” estos residuos, como el colosal vertedero tóxico de Nerva (Huelva) , en el que se amontonan cientos de miles de toneladas de los más variados residuos tóxicos y peligrosos, sin más “gestión” que su enterrado con dudosísimos sistemas de aislamiento. Son instalaciones con una serie de riesgos evidentes –que no excluyen combustiones espontáneas, e incluso explosiones por la mezcla de compuestos, fugas, lixiviados y otras posibilidades, como las derivadas de catástrofes naturales-, que, además, dejan marcados a los territorios en los que se emplazan dificultando mucho sus perspectivas de futuro.

Hay un problema de base que nace de un error de partida. El error de , no habiendo prevenido en origen la producción de una serie de residuos peligrosos y ,dando esto por bueno, conformarse luego con “gestionarlos”. Es lo que se denomina una “solución” de “final de tubería”, que convierte en negocio la existencia de un problema en lugar de prevenirlo. En definitiva vivir del problema y no de su solución. Hoy en día el negocio de la “gestión” de los residuos es extraordinariamente próspero, uno de los más boyantes en Occidente, ya que la producción de estos no para de crecer. Pero habría que plantearse si es lo más inteligente permitir que los montones de residuos sigan creciendo o que estos sean quemados –en incineradoras o cementeras- con los riesgos de emisiones que ello trae consigo.

No obstante, no debemos olvidar que no solo los residuos de las grandes industrias , aunque estos sean más aparatosos o llamativos, representan un problema. Por cuestiones de espacio no podemos extendernos mucho , pero no conviene dejar de citar otras cuestiones, como los miles de basureros urbanos , grandes y pequeños, que durante mucho tiempo funcionaron y que hoy en día, aunque hayan sido clausurados buena parte de ellos, siguen representando un problema. Durante años se vertieron en ellos todo tipo de elementos, además de la materia orgánica, desde pilas con mercurio o cadmio hasta electrodomésticos o recipientes con materias peligrosas que permanecen ahora bajo tierra pero que, a través de su filtración, siguen rezumando hacia las aguas superficiales y subterráneas por ejemplo.

En cualquier caso, y por volver al argumento anterior acerca de las grandes fuentes de polución, fijarnos solo en la contaminación de grandes industrias y olvidar la suma de la que generan otras muchas empresas menores, e incluso la que podemos producir desde los propios hogares, por ejemplo a través del alcantarillado urbano, sería desenfocar la cuestión.

NOTAS

1 “Toxicidad ambiental y salud pública: el paradigma de las dioxinas y agentes polihalogenados afines”. Rodríguez Farré E. II Congreso de Medicina Ambiental (Brunete, Madrid. Junio de 2008).

 

2 Porta M et al. Concentraciones de compuestos orgánicos persistentes en la población española: el rompecabezas sin piezas y la protección de la salud pública. Gac Sanit 2002; 16 (3): 257-266

 

3 Ver, por ejemplo, informes como el del “tratamiento de textiles y sus repercusiones ambientales” de junio de 2005, de la asociación Greenpeace.

 

4 Uno de los casos más sonados en España fue el síndrome Ardystil, que dañó la salud de trabajadoras textiles de Alcoi (Alicante). Con motivo de aquello se citó ,como también sucedió en el caso del síndrome tóxico, el nombre de la multinacional Bayer , pero como suele pasar , nada fue concluyente.

 

5 Registro Estatal de Fuentes Contaminantes (EPER)

 

 

 

 

 

 

 

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