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Pesticidas, venenos confesos | Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental (Fodesam)

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Pesticidas, venenos confesos

 Los pesticidas merecen ser citados aparte como problema de contaminación. Son acaso el mejor ejemplo de cómo la industria no solo puede generar tóxicos de forma indeseada sino al contrario, perfectamente consciente, como producto final que vender. En otros artículos les muestro ejemplos de productos industriales finales que portan tóxicos , como puedan ser, por ejemplo, pinturas, plásticos, tableros conglomerados e incluso perfumes o ambientadores. Pero en el caso que nos ocupa lo llamativo es que lo que se produce y vende deliberadamente es abiertamente un veneno que ha sido concebido como tal. Aunque la idea con la que se concibiesen fuese dañar otros seres vivos diferentes de los seres humanos al final el resultado ,como veremos, demasiadas veces, ha sido otro.

En realidad ésta última apreciación que acabo de hacer es probable que mereciera algunos matices, si consideramos que una de las primeras aplicaciones que llevó al diseño de este tipo de productos fue precisamente la bélica , como se vio con motivo de la Primera Guerra Mundial. La guerra dio un empujón al desarrollo de este tipo de venenos, que siguieron produciéndose durante la Segunda Guerra Mundial aunque no se atrevieran a utilizarlos (acaso por temor a represalias semejantes). Finalizadas esas contiendas se potenciaron otros usos de algunos de los venenos producidos.

Cuando en otros apartados nos ocupemos de hablar de algunas enfermedades y de los estudios que las vinculan a algunas sustancias ,los veremos aparecer con frecuencia. Son una de las fuentes de exposición a sustancias tóxicas contaminantes que más preocupan. Con la particularidad de que, a diferencia de otras sustancias, estamos ante venenos que el hombre disemina de forma plenamente consciente y deseada por el planeta.

Hay diversos tipos de pesticidas, cada uno con su particular problemática, tales como los organofosforados, los organoclorados (como el DDT, el clordano, el lindano o el dieldrin) o los carbamatos, por ejemplo. Sus aplicaciones son muy diversas: herbicidas, insecticidas, funguicidas, acaricidas,...

En España en concreto el hombre esparce deliberadamente cada año decenas de miles de toneladas de plaguicidas. Lo hace , por supuesto, sobre los cultivos, especialmente los intensivos, pero no sólo sobre ellos. Andalucía es la Comunidad Autónoma que más consume, aunque las mayores cantidades por hectárea, a nivel puntual, se den en algunos cultivos de Canarias. También se esparcen sobre áreas sin cultivar como puedan ser ,por ejemplo, las fumigaciones contra la langosta que se efectúan regularmente en zonas de Extremadura o Salamanca. Miles de hectáreas de pinares son fumigadas también cada año para combatir plagas como la de la procesionaria. Se usan profusamente para matar las hierbas de las cunetas de las carreteras o vías de tren. Más de una ciudad es fumigada , como es el caso de Badajoz, con productos como piretrinas ,a causa de los mosquitos (1) . También , y con una gran intensidad, se fumiga en los parques y jardines, como puedan ser los de las áreas residenciales (en muchas urbanizaciones ,así como en campos de golf, el uso de plaguicidas no tiene nada que envidiar al de algunas áreas agrarias). Nicolás Olea ,catedrático de Medicina de la Universidad de Granada, denunciaba en una reciente conferencia como algunos de los pesticidas cuyo uso se prohibía su uso para las cosechas, por los residuos de ellos que luego quedaban en los alimentos, se estaban derivando a usos como la jardinería, lo que estaba creando situaciones de exposición inadvertida a sustancias peligrosas (2). Hay casos de una muy potente utilización de pesticidas en entornos urbanos. Un ejemplo en España es el de lugares como Elche (Alicante) donde se producen fuertes fumigaciones en los palmerales para combatir plagas como la del célebre picudo rojo (un insidioso escarabajo importado). Incluso en las piscinas se usan profusamente pesticidas para matar los hongos, por ejemplo. Y por supuesto, en los hogares ,centros de trabajo, hospitales, hoteles e incluso aviones o vagones de tren y, en muchos casos, no cuando se detecta un insecto, sino según un calendario regular, por ejemplo, todos los meses.

No convendría olvidar, tampoco, por supuesto, el uso directo de pesticidas aplicados sobre el cuerpo humano. Por ejemplo, el lindano y otros productos que se han estado usando en las cabezas de los niños en las lociones anti –parasitarias (donde ahora siguen utilizándose más comúnmente otro tipo de pesticidas). E incluso , como sucedía hace unas décadas, en simples colonias con DDT, usadas diariamente como prevención. Aunque algunos de estos usos ya no se den del mismo modo los tóxicos empleados, por su carácter bioacumulativo, siguen en nuestros cuerpos y en los de nuestros hijos.

Ante el escenario descrito, el de un uso generalizado y alegre, no parece fácil a priori escapar al riesgo de verse expuestos a estas sustancias ,sea a través de la dieta, especialmente en el caso de las más bioacumulativas, u otras posibilidades como las de la exposición directa a la que no solo son acreedores los aplicadores sino ,por ejemplo, cualquier persona que respire en un local recientemente fumigado (más adelante hablaremos de las numerosas intoxicaciones que se han dado en edificios públicos, tales como hospitales). Sobre todo si tenemos en cuenta que , a pesar del conocimiento científico que existe acerca de los riesgos de muchas de ellas, su consumo no para de crecer. En España, por ejemplo, la producción de plaguicidas aumentó un 63% (de 100.568 a 163.602 toneladas) entre 1994 y 2004 y el consumo aparente aumentó un 24% entre 2003 y 2004 (que en este año fue de 173.149 toneladas, superior a las 163.000 producidas ,ya que se importaron algo más de las que se exportaron)(3).

Si nos centramos en los pesticidas agrarios , hay que hacer notar que su empleo masivo es la quintaesencia de la desnaturalización de la práctica agraria con la que se prometió incrementar la producción a costa de unas severas consecuencias de contaminación y de pérdida de calidad y diversidad de los productos. Su empleo ha debilitado las cosechas y fortalecido a sus enemigos, creando una agricultura cada vez más dependiente de nuevos y cada vez más tóxicos y caros productos que han de ser aplicados en dosis crecientes cada año.

Cuando se descubrieron las propiedades insecticidas del DDT es cierto que se percibieron algunos pasajeros incrementos en la producción, pero enseguida los pesticidas fueron perdiendo eficacia, de modo que para conseguir leves mejorías había que incrementar muy notablemente el consumo de plaguicidas. Mientras a finales de los años cuarenta había unas pocas especies de insectos resistentes, hoy son centenares. Al mismo tiempo han eliminado poblaciones enteras de insectos no solo beneficiosos sino con frecuencia fundamentales para el equilibrio ecológico e incluso para la pervivencia de importantes usos humanos. Lo mismo cabe decir de las llamadas “malas hierbas” cuya resistencia a los herbicidas ha crecido de tal modo que ha forzado a los fabricantes de pesticidas a embarcarse en la incierta aventura de crear variedades de plantas transgénicas que puedan ser compatibles con las dosis crecientes de herbicidas que se usan. Ello hace además a las empresas productoras de pesticidas unos muy importantes actores en la aparición de otra nueva forma de contaminación, además de la química derivada de sus productos, de la que nos ocupamos aquí, y que no es otra que la contaminación genética, cuyos efectos aún no han sido debidamente valorados (4), y que se está extendiendo poco a poco con imprevisibles consecuencias sobre la salud y el medio ambiente. Hoy España ostenta el triste record de ser el país de Europa con mayor superficie ocupada por cultivos transgénicos. En los supermercados crece el número de productos ,sean nacionales o de importación, derivados de la manipulación genética, sin haber valorado debidamente los cambios en la composición de los alimentos y sus posibles efectos sanitarios, especialmente sobre sectores sensibles de población. Resulta llamativo el poder creciente que las industrias químicas están teniendo sobre el sector de la alimentación , ya desde las mismas semillas, cuando la mayor parte de la población quiere una alimentación lo más natural posible.

Mientras todo esto sucede grandes cantidades de pesticidas siguen integrándose en los ciclos naturales, como en las cadenas alimentarias, muchas veces con gran persistencia. Hay pesticidas que llevan décadas sin apenas utilizarse y que siguen detectándose en los tejidos humanos. Se adhieren de forma tremendamente insidiosa a la cadena de la vida. Se difunden a través de toda suerte de mecanismos físicos, químicos y biológicos. Su presencia se detecta muy lejos en el tiempo y en el espacio del lugar en el que fueron empleados. Se ha publicado mucho acerca de los daños que producen en vegetales y animales acuáticos, cómo inducen anomalías en la reproducción de las aves y ,por supuesto, como se acumulan y causan estragos en los propios seres humanos. Muchas de estas sustancias, diseñadas precisamente para dañar organismos vivos,- o si se prefiere, más eufemísticamente, para ser biológicamente activas- son muy conocidas por sus efectos sobre el sistema nervioso, inmune y endocrino. Más adelante veremos algunos ejemplos de ello.

Existe la tendencia ,especialmente en una sociedad como esta tan saturada de información (pocas veces valiosa) a fijar sólo la atención en lo más espectacular. Aquello que por sus proporciones y por su claridad es difícil que pase desapercibido. Un ejemplo de ello fue lo que pasó en Bhopal, en la India, cuando una explosión en una fábrica de pesticidas en los años 80 causó miles de muertos y cientos de miles de afectados. Otro ejemplo de contaminación por pesticidas del que, por una serie de circunstancias , se ha hablado mucho a nivel internacional , es el de las fumigaciones con el agente naranja durante la Guerra del Vietnam. Más de tres décadas después de acabada la guerra la población sigue sufriendo efectos graves que han afectado ya a cientos de miles de personas (cánceres, defectos congénitos, daños neurológicos, dolencias en la piel, ...). Pero incluso temas como estos sólo atraen la atención de los medios de comunicación durante un tiempo limitado, pasado el cuál todo queda prácticamente olvidado, salvo para las personas que tienen algún interés singular por estas cuestiones.

Hay otros temas que, a pesar de su tremenda incidencia, en general ni siquiera consiguen ése pasajero interés de los medios de comunicación. Temas que llaman mucho menos la atención , a pesar de estar vinculados con usos extraordinariamente extendidos de los pesticidas como los que tienen que ver con la agricultura. Todo ello aunque de sus efectos de enfermedad y muerte arrojen cifras realmente notables. Basta ver ,por ejemplo, los datos de la Organización Mundial de la Salud que, a pesar de ser bastante conservadores, hablan de unos 220.000 muertos al año y 25 millones de afectados en el planeta, por causa de los pesticidas (5) . Los datos publicados por el Instituto de Recursos Mundiales hablan de entre 3 millones y 3 millones y ½ de intoxicaciones agudas por pesticidas en el tercer mundo al año. Sin embargo, ni siquiera estas cifras hacen que la prensa se ocupe demasiado de estos temas. Y a causa de ello ,una buena parte de la población apenas está al tanto de cosas objetivamente muy relevantes.

Cabe decir, no obstante, que en las cifras aludidas se incurre muy probablemente en uno de los errores de enfoque más frecuentes a la hora de abordar los efectos de la química sobre la salud y que no es otro que solo fijarse en los efectos más inmediatos y directamente atribuibles a un tipo de sustancias, como los derivados de las más evidentes exposiciones agudas, no valorándose más que las enfermedades y muertes más obviamente atribuibles, cuando una buena parte de la morbilidad , esto es, de las enfermedades, y de la mortalidad puede quedar diferida en el tiempo, y ser difícilmente asociable a la causa que la produjo. Las cifras citadas no contemplan la contribución de los pesticidas a múltiples problemas de salud extraordinariamente frecuentes en las sociedades modernas, que van desde los más diversos tipos de cáncer al síndrome de fatiga crónica, pasando por la diabetes, etc- a pesar de la creciente evidencia científica que va en ese sentido. Al hablar de los efectos sanitarios no basta con centrarse tan sólo en una serie de daños muy directos y evidentes, como las intoxicaciones de agricultores que se dan en los invernaderos de El Ejido (Almería) (6), una de tantas zonas agrícolas de España, país en el que se usan pesticidas con extraordinaria abundancia. Porque, más allá de estos casos más evidentes, el impacto sanitario de los pesticidas es mucho más vasto. Para empezar, entre los propios agricultores, como muestran muchos estudios científicos, cuyos resultados no han sido incorporados debidamente a estadísticas como la antes mencionada, que ligan los pesticidas agrícolas y del hogar a enfermedades como el Parkinson . En estudios como estos se ve, por ejemplo, que las personas más expuestas a herbicidas tenían hasta cuatro veces más riesgo de padecer la enfermedad y los más expuestos a insecticidas hasta 3, 5 veces más. En los Estados Unidos el Centro de Control y Prevención de Enfermedades registró en agricultores 2, 8 veces más riesgo de padecer Parkinson.

Basta consultar la CHE Toxicant and Disease Database , para ver como en el epígrafe de esta enfermedad se nos dice como esta enfermedad ha sido ligada por una copiosa cantidad de trabajos de investigación científica con la exposición a una serie de sustancias químicas, especialmente entre trabajadores agrícolas como aplicadores de pesticidas , granjeros , criadores de animales y otras personas que suelen estar bastante expuestas a los biocidas. Varias poblaciones estudiadas, que tenían varias veces más riesgo de padecer la enfermedad tenían un claro pasado de exposiciones a sustancias tales como herbicidas o insecticidas. Entre la lista de sustancias asociadas a la enfermedad , que incluye no solo pesticidas, se citan el manganeso, el MPTP, metanol, paraquat, , dieldrin, glifosato, plomo, mancozeb, maneb, pesticidas organofosforados y organoclorados, PCBs, etc.

Otros informes vinculan las más diversas enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica a ,por ejemplo, los pesticidas organofosforados ( 7 ) . Tampoco faltan otros como los que vinculan pesticidas con linfomas, por ejemplo ( 8 ). En otros capítulos aludiremos a otras patologías, como pueda ser el cáncer de próstata. Hace unos años, el doctor Gonzalo López Abente ,del Instituto de Salud Carlos III, publicó un interesante monográfico sobre “Cáncer en agricultores” que mostraba como en este sector de población hay excesos de una serie de cánceres (cáncer cerebral, estómago, linfoma no Hodking, leucemina, próstata o testículo).

Pero si ,como vemos, muchas estadísticas ni siquiera contemplan debidamente todos los daños que los pesticidas pueden producir en los agricultores, como grupo humano que puede verse expuesto a ellos con más intensidad, es evidente que mucho menos contemplan los efectos que tienen en más amplios sectores de población que por ejemplo a través de la dieta pueden verse expuestos a estas sustancias. Nos ocuparemos de algunas de estas cuestiones, que tienen que ver con patologías como el cáncer de mama, en otros apartados.

En 2001 la Comisión Europea hizo públicos los resultados de una serie de análisis que revelaban que casi un 37% de las frutas y verduras europeas que llegaban a los mercados tenían presencia de plaguicidas por debajo del “límite legal” y casi el 4% por encima de este. El año siguiente, durante el Congreso Nacional de Epidemiología que se desarrolló en Barcelona, una investigadora comprometida con estas cuestiones, Ana María García de la Universidad de Valencia, presentó otros datos que mostraban también esa presencia de pesticidas en un alto porcentaje de las muestras de las frutas ,especialmente algunas como las naranjas, así como en muchas de las muestras de lechugas y arroz. En 2005, por su parte, la Gaceta Sanitaria publicó un estudio de la Agencia de Salud Pública de Barcelona que había detectado presencia de restos de pesticidas organofosforados en más del 14% de los productos analizados (en concreto ,por ejemplo, en un 37% de los cítricos y en un 3% de los frutos secos). La Organización de Consumidores y Usuarios ha realizado diversos trabajos sobre la presencia de residuos de pesticidas en las frutas y verduras que llegan a las tiendas. En otro capítulo hablaremos de contenidos de tóxicos en otros alimentos. Sobre todo porque no suele ser en los vegetales, precisamente, donde estos hayan sus mayores concentraciones. En cualquier caso el conocimiento que buena parte de la población tiene de estas cuestiones es muy escaso, como también lo es acerca de que cada vez más investigaciones científicas avalan que no son precisas altas concentraciones de ellos en los cuerpos humanos para generar desarreglos. En otros apartados comentaré de los efectos notables que pueden tener aparentemente “bajas” concentraciones de tóxicos , perfectamente “legales” especialmente cuando se ve expuestos a ellos una buena parte de los habitantes de un país.

Los pesticidas han sido ligados a los más variados problemas de salud, como el cáncer , problemas reproductivos , del sistema inmunitario o del sistema nervioso. Son sin duda uno de los grupos de sustancias que la ciencia ha asociado a más dispares problemas de salud. Por citar tan sólo un pesticida, el clordano, ha sido ligado a problemas tales como cáncer de mama, cáncer de hígado, supresión del sistema inmune, neuropatía periférica, leucemias en niños y adultos, generación de anticuerpos de autoinmunidad, esclerosis múltiple, cáncer de testículos, porfiria, etc ( 9 ). Si fuésemos, uno por uno, por todos los pesticidas, viendo los desmanes que les atribuye una muy copiosa y creciente literatura científica, no acabaríamos nunca. De todos modos, veremos algunos ejemplos, cuando hable de diversas enfermedades.

Por concluir con este breve repaso al problema de los pesticidas, vamos a hacerlo con uno de los usos más cercanos a una buena parte de los habitantes de los países industrializados. Me refiero a las fumigaciones –sea con organofosforados, con piretroides o carbamatos- que se producen en el interior de espacios cerrados para terminar con hormigas, cucarachas y demás. Son tratamientos que con frecuencia ni siquiera se realizan por que se haya detectado la presencia de insectos, sino de forma “preventiva”, según un calendario regular. Suele hacerse en las más diversas dependencias, desde hoteles a oficinas, pasando por aviones o vagones de tren, por ejemplo.

La salud de miles de trabajadores se ha visto menoscabada por este tipo de tratamientos, habiendo terminado muchos de ellos con invalidez permanente. Al margen de si muchas veces se guardan siquiera las mínimas normas y precauciones, hechos así hacen dudar si los supuestos beneficios de tales fumigaciones compensan los daños producidos , máxime cuando en muchas de estas fumigaciones apenas habían sido detectadas unas pocas hormigas, y si no habría sido más inteligente haber considerado otras alternativas menos agresivas.

La inquietud médica por estas cuestiones está creciendo en zonas como Cataluña , ante los centenares de casos de personas por dificultades respiratorias, incapacidad para tareas normales, síndromes irritativos, pérdidas de memoria, dificultad de concentración, Síndrome de Fatiga Crónica, Sensibilidad Química Múltiple, fenómenos autoinmunes, hipotiroidismo, desarreglos hormonales, etc.. ( 10 ). Ha habido casos que han tenido cierta repercusión en la prensa (11), como los de las fumigaciones en el Hospital Vall d`Hebrón ,en el Centro de Atención Primaria (CAP) de Tarragona o en algún hotel de la capital catalana.

Los daños sanitarios derivados de situaciones de este tipo son muy diversos. Carme Valls , doctora que ha estudiado muchísimos casos , principalmente en Cataluña, establece seis grandes síndromes originados al exponerse a los insecticidas: síndrome respiratorio de vías altas y bajas, síndrome neuropsicológico, síndrome hiperestrogénico con alteraciones del ciclo menstrual, síndrome de estimulación de la autoinmunidad, síndrome de parasimpáticotonía hipotalámica con hipersecreción de la hormona del crecimiento y síndrome de hipersensibilidad química múltiple ( 12 ).

El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo en su Nota Técnica de Prevención 595 (13), entre los efectos atribuibles a los pesticidas incluye daños en la memoria, afectación a la capacidad de concentración y orientación, pérdida de energía, fatiga, anomalías en algunos parámetros neurofisiológicos, alteraciones menstruales, Sensibilidad Química Múltiple, etc. Diversos informes (14), aluden a los efectos neurotóxicos, por ejemplo, de los organofosforados, que traen consigo trastornos neurocomportamentales de tipo crónico con disminución de las capacidades cognitivas, exhaustivamente descritos (15 ) . Apuntando que los organofosforados , solos o en compañía de los piretroides (que parece que también por sí mismos podrían hacerlo) pueden originar, entre otras cosas, el llamado Síndrome de Fatiga Crónica, incluso en exposiciones a niveles bajos, acabando por generar la incapacidad laboral permanente de los afectados. Y, finalmente ,por supuesto, los organofosforados son capaces de dar origen a la llamada Sensibilidad Química Múltiple de la que hablaremos en otro capítulo de este libro.

En una sociedad como ésta, donde tantas personas usan muy alegremente productos como éstos, no está de más tener algo de conciencia de los múltiples efectos que la exposición a los mismos puede causar. El simple hecho de leer las etiquetas de algunos pesticidas domésticos, por incompletas que sean, podría ayudar a esa concienciación. Etiquetas en las que no es infrecuente que se advierta de riesgos tales como el de una neumonía química, por ejemplo, y se recomienden una serie de precauciones que pocas veces son tenidas en cuenta.

En muchas casas los pesticidas se utilizan como algo rutinario, como si fueran una especie de inocuo perfume que puede rociarse generosamente por las habitaciones cerradas en las que la gente, niños y mayores, desarrollan sus actividades.

No debemos olvidar, de todos modos, que la exposición a pesticidas puede ser mucho más sutil de lo que imaginamos y no proceder sólo de la dieta o de los productos que manipulamos, sino de elementos que no sospechamos que puedan portarlos, como pueda ser la madera tratada de una casa recién estrenada y que, sin que nosotros lo sepamos, puede haber sido tratada, pongamos por caso, con pentaclorofenol (16).

NOTAS


 

1 Ver, por ejemplo: La Crónica de Badajoz 20-6-2007)


 

2 II Congreso Internacional de Medicina Ambiental. Brunete (Madrid). Junio 2006.


 

3 Informe Observatorio Sostenibilidad en España (OSE) 2006, pg 342.


 

3 Recomiendo por ejemplo la lectura de mi comparecencia en el Senado (Cortes Generales. Diario de Sesiones del Senado. Comisión Especial sobre la manipulación genética con fines de producción de alimentos. 4 de octubre de 1999. Es accesible en internet, de hecho en este mismo espacio en el apartado concreto).


 

5 Datos de la Academia de Ciencias de EE.UU. ,un tanto conservadores, hablaban de que para 2050 se habrían producido un millón de cánceres por exposición a pesticidas (al parecer se refería a 28 de estas sustancias, aunque la EPA tenía al menos 53 identificados como cancerígenos).


 

6 Francisco Laínez Bretones, como otros médicos de Andalucía, han investigado secuelas a largo plazo. Muchas de las intoxicaciones son cutáneas (cerca de un 90%) y de ellas un 1% causa la muerte. Aunque por ingestión son menos frecuentes, son más mortales (muere un 20%). Se dan, asimismo, no pocos casos de suicidios con los propios pesticidas.


 

7 Ver, por ejemplo el Informe ITB/75. 07 . 23 de agosto. Centro Nacional de Condiciones del Trabajo . Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.


 

8 Sanjosé S et al. Exposure to non-arsenic pesticides is associated with lymphoma among farmers in Spain. Occup Environ Med (2006).


 

9 Ver ,por ejemplo, la base de datos de The Collaborative on Health and the Environment (CHE) Toxicant and Disease Database) que remite a los estudios científicos realizados sobre multitud de tóxicos y enfermedades.


 

10 Ver, por ejemplo, “Síndrome de fatiga crónica e hipersensibilidad química múltiple tras exposición a insecticidas” . Fernández-Sola J. , Lluis P., Nogue X., Munne M. Servicio de Medicina Interna, Unidad Multidisciplinar de Fatiga Crónica, Hospital Clinic de Barcelona, IDIBAPS, U. de Barcelona. Referido a afectados por fumigación en edificios.


 

11 El País 18-6-2002. El Mundo 3 febrero 2007. EFE 16 enero 2007. La Vanguardia 14-11-2004.


 

12 Consecuencias clínicas a corto, medio y largo plazo de fumigaciones de insecticidas en lugares de trabajo. Valls C. Directora del Programa Mujer Medio Ambiente , Salud y Calidad de Vida del CAPS. Ver también: Francisca López, Jordi Obiols, Neus Moreno y Carme Valls. Plaguicidas de uso ambiental: un riesgo grave y poco conocido. Accesible en: Revista Interactiva Mujeres y Salud .M y S 7. 1.1. http://www.matriz.net/mys/mys-07/dossier/doss_07_018.html


 

13 NTP 595: Plaguicidas: riesgos en las aplicaciones en interior de locales. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo .Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.


 


 

14 Como el Informe ITB/75. 07 . 23 de agosto. Centro Nacional de Condiciones del Trabajo . Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Este informe era una revisión y actualización de un informe anterior del año 2002 (ITB/114. 02) sobre los efectos de los pesticidas organofosforados sobre la salud de los trabajadores, que se realizó , dentro del contexto de una causa judicial, a petición de Adquira.


 

15 Conocidos con la denominación de Chronic Organophosphate Induced Neuropsychiatric Disorder (COPIND), y más recientemente con la de Organophosphorus Ester-Induced Chronic Neutoxicity (OPICN)


 

16 Compuesto sintético profusamente usado para el tratamiento de las maderas, por ejemplo, por sus propiedades como fungicida, lo que también ha servido para que se emplee para impregnar tejidos industriales. La industria del papel ,así como la de los curtidos, también lo han empleado como agente anti bacterias. Persiste mucho en el suelo, el aire o las aguas. Se atribuyen al pentaclorofenol o a algunos de sus metabolitos graves efectos sanitarios. Puede ser cancerígeno. Es muy tóxico por ingestión, contacto con la piel o inhalación. Fuertemente irritante para ojos y vías respiratorias. Decenas de países han adoptado medidas para limitar su uso.

 

 

Contenido sujeto a Copyright © Carlos de Prada

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